Nasrudín llegó a cumplir ciento cuatro años. El cadi más importante de la
región envió un emisario a entrevistarlo.
—¿Cómo hizo usted para llegar a esa edad tan avanzada? —preguntó el
emisario.
—Estoy convencido —contestó Nasrudín— de que mi larga vida se debe a
que nunca discuto con nadie.
—¡Vamos! —contestó incrédulo el emisario—. ¡No va a tratar de hacerme
creer eso!
—Entonces debo estar equivocado —dijo Nasrudín—. Debe ser por alguna
otra razón”.

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